29/10/2018 | Bernard Rioux

[El pasado 1 de octubre se celebraron elecciones parlamentarias en Quebec. La candidatura más votada fue la Coalition Avenir Québec (CAQ), un partido neoliberal de derechas, que con el 37,42 % de los votos obtuvo la mayoría absoluta de escaños (74 de 125). El Parti libéral du Québec (PLQ), que había gobernado durante 13 de los últimos 15 años, quedó relegado al segundo puesto. El gran descalabro lo sufrió el Parti québécois (PQ), principal impulsor del referéndum de independencia de 1995. Gobernó la provincia de 2012 a 2014 y en estas elecciones cosechó el peor resultado de su historia con el 17,06 % de los votos. La buena noticia es que el partido independentista de izquierda Québec Solidaire (QS) triplicó sus resultados, superando el 16 % de los votos y obteniendo 10 diputados. Red.]

La CAQ es un partido federalista y neoliberal. Formará un gobierno mayoritario. Podrá contar con una oposición oficial igualmente federalista y neoliberal. Sus cuadros y dirigentes provienen del mundo de las finanzas, de la empresa y de la gerencia. Si quiere ajustarse a los compromisos demagógicos que contrajo durante la campaña electoral, su programa de gobierno no podrá someterse a la aprobación de estos últimos. La CAQ defenderá los intereses de la élite económica y tratará de debilitar a la mayoría popular. Las políticas que aplicará se derivan de sus objetivos fundamentales.

La aparición de la alternancia de partidos federalistas

En su primer discurso ante los medios de comunicación, François Legault, jefe de filas de la CAQ, destacó que era la primera vez desde hacía 50 años que un partido federalista sucedía a otro partido federalista. Quebec ha superado felizmente, añadió, la alternancia entre un partido federalista (el PLQ) y un partido soberanista (el PQ).

Este es, por cierto, el objetivo que perseguían los Legault, Bouchard, Charles Sirois y el clan Desmarais con la fundación de la Coalition Avenir Québec en 2011. El bloque federalista estaba enredado en un juego en el que había un único partido federalista de gobierno. El desgaste político producido por el ejercicio del poder, particularmente en un periodo de gestión neoliberal, no ofrecía como alternancia más que un partido soberanista, que por entonces era el PQ. Esto impedía acabar con la perspectiva siempre posible y perpetua de cuestionamiento de la integridad del Estado canadiense.

La política de la CAQ consistía en favorecer la marginación del PQ y de la opción soberanista proponiendo un partido cuya oferta política estaría basada en un nacionalismo identitario y regresivo, que no dudara en recurrir a la xenofobia y al miedo a la inmigración. Su propuesta de reducir la inmigración un 20 % (de 50.000 a 40.000) y de imponer un examen de valores y una prueba de francés pretendía levantar nuevos obstáculos a la integración en la sociedad quebequesa, todo ello en nombre de una mejor integración.

La aparición de la CAQ ha sido fruto de un reposicionamiento de los sectores nacionalistas de la élite económica quebequesa. Las sucesivas direcciones del PQ (Bouchard, Landry, Boisclair, Marois, Péladeau, Lisée) abandonaron el barco después de haberse negado a poner en el centro de su política la lucha por la independencia de Quebec. Estas direcciones siempre han priorizado la lucha por el poder provincial. Siempre han aplazado al día de mañana la cuestión del acceso a la independencia y el esclarecimiento de las vías para llegar a ella. Lo que subyace a esta opción es el reposicionamiento de la élite económica quebequesa a partir de 1995 1/.

Su voluntad de aplazar los combates más esenciales a mañana o pasado mañana, su negativa a definir una vía clara de acceso a la soberanía y su miedo a movilizar para ello a la mayoría popular, se fundamentan en el rechazo del enfrentamiento con los federalistas quebequeses y canadienses. Las direcciones del PQ se han puesto desde 1995 en consonancia con la élite económica, que entonces tomó el barco de la globalización capitalista y rompió radicalmente con la orientación que pretendía “sacar la economía quebequesa del atolladero de la dependencia con respecto a metrópolis extranjeras” 2/. Desde entonces, las direcciones pequistas comparten las creencias económicas y sociales de la mayoría de la burguesía quebequesa: apoyo al libre comercio, a la privatización del bien común, a la tarificación de los servicios públicos, a una fiscalidad que favorece a los ricos, a la explotación de las energías fósiles, a la concentración de la prensa.

Para la élite económica quebequesa, a partir de ahora ya no se trata de guiarse por una orientación marcada por una voluntad de independencia cualquiera, pues ya no busca otra cosa que hacerse un sitio en el marco de la globalización, instrumentalizando con este objetivo a los gobiernos federal y quebequés. Esta es la base material de la incapacidad de las élites nacionalistas para luchar consecuentemente por la soberanía de Quebec. Legault, hombre de negocios y ex ministro pequista, no ha hecho más que alinearse con el federalismo de la amplia mayoría de la burguesía quebequesa. Las direcciones del PQ que se han sucedido después de la derrota de 1995 se han hundido en la incoherencia y la incapacidad política. De este modo han sido las organizadoras de un desastre previsible.

El programa de gobierno CAQ

a. Privatización de los servicios públicos

Como representante de la clase dominante y de las capas tecnocráticas y profesionales (la clase de los mandos intermedios), la CAQ defiende la privatización de los servicios de enseñanza y sanidad, pues apoya a las personas que son sus agentes y sacan provecho de ellos. Estas personas aplauden la proliferación de hospitales privados. Por consiguiente, la privatización formará parte del programa del gobierno Legault y la lucha contra ella será uno de los ejes de la lucha popular por la justicia social.

b. Refuerzo de las políticas de desigualdad en la distribución de la riqueza

La clase empresarial se opone a fijar el salario mínimo en 15 dólares la hora, escudándose en la defensa de la prosperidad económica (de hecho, en los beneficios de esta clase). La CAQ ya ha rechazado el aumento del salario mínimo y el gobierno Legault seguirá esta misma línea. Y en lo que respecta a una verdadera reforma de la fiscalidad que permita una redistribución de la riqueza a favor de la mayoría popular, la CAQ ha prometido justo lo contrario, es decir, reducir los impuestos de las empresas y mantener una fiscalidad no equitativa que favorezca el enriquecimiento de los más ricos.

c. Impulso a los hidrocarburos y rechazo de todo plan de transición real

Todas las organizaciones patronales de Quebec han apoyado la Ley de hidrocarburos, que permite la explotación petrolera y gasista en todo el territorio de la provincia. Estas organizaciones han apoyado asimismo el proyecto de construcción del oleoducto de Energie Est. Por una vez, la CAQ no ha ocultado sus intenciones durante la campaña electoral. Un gobierno de la CAQ favorecerá la exploración y la explotación de los recursos de gas y petróleo, pues ven en ellos una fuente de enriquecimiento colectivo para Quebec (sic).

d. Política identitaria para construirse una base jugando la carta de un nacionalismo regresivo

La CAQ ha utilizado (y el gobierno de la CAQ utilizará) la cuestión de la inmigración para acumular capital político. Tanto la reducción de los umbrales de inmigración como el examen de valores comunes o el de la lengua francesa sirven para agitar ciertos temores, para presentar a las personas migrantes como un peligro y al gobierno de la CAQ como un protector. Una de las primeras medidas anunciadas por la CAQ en el poder es una ley para prohibir el porte de signos religiosos por parte de todos los empleados del Estado con cargo de autoridad. Estas políticas sembrarán la desconfianza hacia las personas migrantes y contribuirán a dividir a la población quebequesa.

d. Los derechos democráticos y la soberanía popular, reducidos a la mínima porción

La CAQ ha firmado un acuerdo con otros partidos políticos de oposición (PQ, QS, Verde) con vistas a la reforma electoral, introduciendo el escrutinio proporcional con compensación regional en un primer mandato. Con 74 diputados y diputadas, la CAQ dispone del 59 % de los escaños, habiendo obtenido tan solo el 37,5 % de los votos. Para un partido bastante tímido en lo tocante a la defensa de las libertades civiles (por ejemplo, apoyó la represión del movimiento estudiantil por parte del gobierno Charest en 2012), será realmente ingenuo esperar de brazos cruzados una reforma del modo de escrutinio de su parte. Solo una amplia movilización popular permitirá obligarle a cumplir la palabra dada.

e. La CAQ, desarmada frente a las políticas del Estado canadiense

François Legault pretende que la reforma del federalismo canadiense no exige más que decisión y liderazgo. Esto, una vez más, es engañar a la población. Su voluntad de desacreditar la soberanía del pueblo de Quebec como un antojo sin importancia demuestra el servilismo del personaje. En este terreno, en particular, el nacionalismo de la CAQ aparece como lo que es en realidad: pura diversión.

Nada de desear suerte al corredor cuando se conocen sus objetivos y los intereses que defiende

Frente a este gobierno hay que organizar la resistencia. El poder popular está en la calle y en las luchas. Solo una amplia movilización, combativa y unitaria, permitirá:

  • Bloquear el desarrollo de los proyectos petroleros y gasistas. Es necesario iniciar lo más pronto posible una transición energética mediante inversiones masivas en energías renovables bajo control de las poblaciones y de las regiones afectadas, para contrarrestar concreta y rápidamente los cambios climáticos y crear al mismo tiempo numerosos puestos de trabajo.
  • Evitar la privatización de los servicios públicos que está preparando el gobierno de la CAQ. Hay que exigir una reinversión masiva en los servicios públicos de educación y sanidad para defender la calidad y accesibilidad a los servicios y la mejora de las condiciones de trabajo del personal.
  • Bloquear el avance del racismo y de la xenofobia y construir un Quebec plural, igualitario, antipatriarcal y solidario. Habrá que organizarse contra las políticas que prepara el gobierno de la CAQ mediante la lucha contra las discriminaciones económicas, raciales y sexuales y sus intentos de dividir el campo popular.
  • Acabar con la creciente profundización de las desigualdades en la sociedad quebequesa, asegurando la redistribución de las riquezas mediante una reforma radical de la fiscalidad y el aumento del salario mínimo a 15 dólares la hora.

Para hacer frente a la CAQ, hay que defender un proyecto de sociedad que hallará en la independencia su vía de realización. Y esta última no podrá conseguirse más que con un planteamiento de verdadera soberanía popular, mediante la elección de una asamblea constituyente con el mandato de elaborar la constitución de un Quebec independiente e inclusivo, que conduzca a una república social que mejore las condiciones de existencia de la mayoría popular, la protección del medioambiente y la igualdad social.

Estas luchas son diversas, pero todas ellas apuntan hacia la realización de una sociedad diferente, que exprese la aspiración a un poder de la mayoría popular… El poder establecido no responde a las necesidades más acuciantes de la población. Favorecer la construcción de una amplia coordinación de estos combates múltiples es una tarea fundamental de un partido que se quiera popular y solidario.

03/10/2018

http://www.pressegauche.org/Victoire-de-la-CAQ-recomposition-du-champ-politique-et-les-defis-de-la-nouvelle

Bernard Rioux es militante de Québec solidaire.

Traducción: viento sur

1/ Véase François l’Italien, “Le repositionnement de l’élite économique québécoise depuis 1995”, L’Action nationale – Du Québec inc. au Quebec Capital, febrero de 2014.

2/ François l’Italien, ibid.

 

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