Pubblichiamo un interessante articolo di un compagno italiano che vive da 30 anni a Barcellona, che ricorda da vicino il dibattito che attraversa anche la sinistra (piú o meno “radicale”) italiana, con una riflessione molto simile a quella che ha causato piú di un’incomprensione anche in quel di Brescia. L’articolo è in castigliano, ma i nostri pochi lettori sono ormai abituati alla poliglossia. D’altra parte siamo o non siamo una sezione locale di un’Internazionale?

 

Sull’islamo-fascismo

di Rolando D’Alessandro

Es una tradición consolidada dentro del progresismo continental la de producir y colgar etiquetas estigmatizadoras, muy útil cuando de substituir el debate político por un combate de lucha libre amañado se trata. En mis tiempos se repartía mucho la de pequeño burgués, que colocaba automáticamente quien la recibía en el limbo de los no-proletarios, condenados a vagar por la eternidad entre dos clases por su evidente falta de aptitud revolucionaria.
Hoy tiene mucha tirada la de islamófobo. Que se repartí con la misma facilidad y por parte del mismo tipo de gente, sin necesidad de ser militantes de extrema derecha ni propietario de pisos patera: basta a veces con algo tan sencillo como declararse ateo, o animalista, o indignado por el asesinato en nombre de Allah de tanta pobre gente. O incluso utilizar expresiones como islamo-fascismo.
De hecho esto último no debería encontrar objeciones entre los paladines de la igualdad racial, ya que en la definición de islamofobia la primera característica es la considerar una parte como el todo. Y el concepto de islamo-fascismo pretende justamente distinguir, identificar y separar del resto del mundo musulmán una excrecencia cancerosa.
Y en cambio ocurre que islamófobos y antiislamófobos acaben atribuyendo (unos atacando y acusando, otros defendiendo y negando) al conjunto del mundo musulmán las características propias de un pequeño sector: fanatismo, imposición brutal de su doctrina, machismo exasperado, desprecio de quienes no profesen su fe.
Los más moderados y sensatos argumentan que no es etimológicamente correcto aplicar un término que describe un movimiento concreto, de unos países concretos, que se dio en un concreto momento histórico a una realidad cultural, social y políticamente tan diversa como la del mundo islámico.
Otros consideran insultante el hecho de acercar la palabra islam a algo tan negativo.
Los hay que también niegan simple y llanamente la pertenencia al islam de los sectores más sanguinarios, actitud que se declina también en la rotunda negativa a considerar que los musulmanes de Europa consideren los asesinatos indiscriminados en dos o tres continentes cometidos en nombre de su profeta como algo que les incumba.
A mi entender todas estas posturas carecen de base lógica.
Según la primera, por ejemplo, ya no podría utilizarse el término mafia, que en origen solo hacía referencia a una concretísima organización asentada en Sicilia.
Si hiciéramos caso de la segunda tampoco podríamos utilizar la definición de nacional-catolicismo para referirnos a la peculiar ideología franquista.
Y la tercera sólo denota un profundo cinismo (natural por otro lado en una de las religiones monoteístas) que pretende negar lo evidente, o sea la existencia, en el mundo islámico, de tendencias, sectas, interpretaciones profundamente reaccionarias. Algo admitido y reconocido universalmente cuando se trata de las otras dos grandes religiones de libro: la cristiana y la judía. Que albergan en su seno a integristas y sectarios, así como buena gente y mucha gente normal. El Opus dei, los guerrilleros de cristo rey, el Ku Klux Klan forman parte indiscutiblemente del mundo cristiano, así como la inquisición y Torquemada, al lado de San Francisco o de los curas obreros y la teología de la liberación.
Es un insulto a la inteligencia afirmar o insinuar que un sistema, que se encuentra además fragmentado en múltiples corrientes y centros de poder como el islámico, no tiene partes obscurantistas, corruptas y criminales.
Partes que no responden solo a nombres como el Daesh, banda que lleva dos años ocupando un territorio más grande de Israel y con una población mayor, Al Qaeda, Boko Haram, talibanes y no sé cuántos grupos de matones más, si no que abarcan también a estados regidos según versiones feudales de la ley islámica: Arabia Saudí, Qatar, para citar solo unos. Y a corrientes como el wahabismo o el salafismo.
Todo este conjunto de sujetos y tendencias, que por supuesto – repito – siguen representando una minoría dentro del grande mundo musulmán, guardan muchos rasgos comunes con nuestras dictaduras que justifican el empleo del calificativo de fascista.
1) El culto al líder. Mussolini i Hitler, o el emperador divino Hiro Hito, con su séquito de jerarcas constituían un puntal importante de la ideología fascista, gracias a la sumisión de toda la sociedad a una figura más-que-humana. Un Mahoma (con sus voceros i representantes) que debe ser considerado intocable hasta por la última revista satírica del hemisferio occidental no cumple, con mayor éxito si cabe, la misma función?
2) Imposición de obediencia ciega a los seguidores. “Credere, obbedire, combattere!” era una de las consignas que habían de formar el espíritu de todo fascista. Y no es justamente esto lo que tiene que hacer cualquier fiel de las corrientes integristas?
3) Fanatismo.
4) Culto de la violencia y amor por la guerra. Muchos filo-islamofascistas mantienen que en realidad términos árabes a los que damos significados belicosos en realidad son metáforas para indicar esfuerzo y superación y etcétera. Lo mismo que dicen los cristianos de las cruzadas y los judíos del tema del pueblo elegido: el hecho es que ha habido y hay un montón de gente que se toma estos conceptos al pie de la letra… Y el dato debería hacer reflexionar sobre las calidades didácticas de los libros sagrados. “Guerra igiene dei popoli” no recuerda muy de cerca las aspiraciones a limpieza étnica y religiosa de tantos grupos islamistas? Y otra frase “libro e moschetto fascista perfetto” no evoca las imágenes de barbudos con su Corán en una mano i kalashnikof o cuchillo en la otra? Y la tirada que tienen tantos de estos individuos a la inmolación no remite a los kamikazes japoneses de la segunda guerra mundial?
5) Ritos colectivos: ‘adunate’ que servían para adoctrinar las masas = rezos colectivos que sirven para adoctrinar las masas.
6) Identificación grupal mediante signos o la adopción de comportamientos comunes: la camisa negra, la salutación romana, una vestimenta concreta y exagerada, incluso en mezquitas salafistas se utiliza la salutación romana. Coincidencias…
7) Tradicionalismo cerrado.
8) Conversión en ideología de estado. La separación entre religión y organización política de la sociedad no es algo que acepten nuestros islamofascistas, que encuentran más de su agrado imponer su credo/ideología a todos los habitantes de un país. Como los fascismos, vaya.
9) Racismo. El fascismo, sin ser extremo en este campo como el nazismo, tenía muy claro que había en el mundo seres superiores e inferiores. Antes de que nadie salga con la cantilena de que el mundo islámico es un remanso de igualdad y de interetnicismo aconsejo un repaso a Wikipedia: (Afganistán: Pastún i Hazaris / Chad: árabes i negros / Baggara i Fur en Sudan / y también a lo que pasa en Nigeria y Senegal y Libia /). O a como son tratados los trabajadores extranjeros en los países del Golfo, o los migrantes subsaharianos en los países del Magreb. Puede que el islam, como religión, no sea racista pero lo mínimo que se pueda decir que no ha tenido mucho éxito en sembrar la tolerancia entre sus seguidores. Aquí mismo, en Europa, ya va siendo hora que se empiece a hablar de los cientos de ataques a judíos, con muertos y heridos de verdad, a sinagogas, a cementerios. Por no hablar de los ya numerosos ataques contra población civil.
10) Persecución de minorías (religiosas, étnicas, sexuales). Bueno, viendo lo que vemos actualmente aquí los que tendrían que quejarse por la comparación son los fascistas del Duce.
11) Represión de la disidencia interna. En esto el acercamiento hay que hacerlo más bien con el nazismo, por los niveles cualitativos y cuantitativos de crueldad que desplegó en la aniquilación de los miembros opositores de su mismo pueblo. O con la inquisición de Torquemada.
12) Imperialismo. Todo el mundo sabe que las potencias del eje aspiraban a ampliar sus dominios e imponer en el mundo una especie de nuevo orden, rollo pesadilla en Helm Street. No solo nadie puede negar que los islamofascistas, desde gobiernos de potencias económicas y militares mundiales a los grupos de sicarios soltados por medio mundo, comparten la noble aspiración a convertir el atajo de infieles o semifieles o malos fieles que pueblan todavía el planeta a la verdadera fe, si no que basan su pretensión en otra características de los fascismos:
13) El Revanchismo. Los que hayan leído cuatro libros de historia saben que Mussolini gustaba de aplicar mucha cháchara socialistoide a su peculiar visión de los derechos históricos de la Italia fascista… [La grande proletaria si è mossa… contro le potenze plutocratiche] que consistían básicamente en reivindicar la misión imperial de la Antigua Roma, arrebatada a sus legítimos herederos por unos nuevos ricos degenerados. Los islamofascistas, por su parte no se están de rememoran los tiempos del Ándalus, cuando los mahometanos campaban a sus anchas imponiendo tributos, quedándose con tierras y sometiendo infieles a tutiplén, como tampoco se están de trabajar para que aquellos tiempos vuelvan. Obviamente para ambos el haber sido desposeídos de aquel poder de eras míticas es fuente de rencor y de odio contra los desposseïdores, es decir aquellos que les han arrebatado su función dominadora y que incluso se han atrevido a dominarlos: las potencias plutocráticas para Mussolini e Hitler (o sea los países capitalistes occidentales más Russia), la potencias plutocráticas (o sea los países capitalistes occidentales más Russia) para los distintos cabecillas islamistas y sus secuaces. Tanto en el caso de la Italia fascista, como del islam fascismo hay que reconocer que argumentos sobre la maldad del enemigo capitalista no les faltan, lo curioso es que para combatirlo los primeros se dedicaran a bombardear Barcelona o aldeas de Eritrea y los segundos a degollar campesinos de otras religiones.
14) Otra característica del discurso fascista era su retórica anti burguesa. La clase capitalista era presentada, en oposición al pueblo fascista y sus líderes, como una suma de vicios y debilidades. Decadente y corruptora. Clavadito al hipócrita moralismo antioccidental de los Daesh, Qatar, Arabia Saudí & C. que no tienen nada que objetar al consumo desaforado, mejor si tecnológico, o contra la división en clases de la sociedad, pero si a la depravación de las costumbres (sexo, alcohol i rock’n rol).
15) Interclasismo. El fascismo surgió como substituto y adversario de los grandes partidos y movimientos de clase (socialismo, comunismo, anarquismo) que protagonizaban la vida política europea a principios del siglo XX. Fue un movimiento apoyado por los grandes terratenientes e Industriales y que se alimentaba de la frustración de amplios sectores populares, sobre todo pequeña burguesía y lumpen. Imposible no ver el paralelismo con el surgimiento y extensión de esta tendencia absolutista irradiada desde potencias económicas como Arabia Saudí y hecha propia por amplios sectores sociales que encuentran en su mensaje la forma de canalizar sus iras, rencores o inclusos sus esperanzas de rescate social. La propaganda fascista y la islamista utilizan a fondo los sentimientos de repulsa, de reacción contra la corrupción de la política, las agresiones bélicas, la humillación de tratados Internacionales mezcladas con los sentimientos de inferioridad y rabia que abundan en las capes sociales más marginadas.
16) Demagogia populista. A los que comentan que las organizaciones islamofascistas desempeñan también un trabajo social garantizando comida, sanidad, orden y servicios a poblaciones a menudo reducidas en la miseria hay que recordarles que políticas populistas dirigidas a reducir la miseria de amplios sectores sociales y de paso la intensidad del conflicto entre clases fue precisamente el secreto del triunfo vía urnas tanto de los fascistas italianos como de los nazis alemanes. La propaganda del Daesh es una simple aplicación de las enseñanzas de Goebbels.
17) Rol de la mujer: para el fascismo era madre y esposa (y/o amante) y, en el caso de las mujeres de pueblos colonizados y ocupados, presa de guerra u objeto sexual. Para el islam fascismo…
18) Negación de libertades y derechos. Bajo el estigma de “insulto al islam” se atacan ya en todo el mundo derechos como la libertad de expresión (toda la campaña desatada contra el Charlie Hebdo, revista desde siempre muy poco grata a los poderes de toda clase, no representa sólo una demostración colectiva de ignorancia sobre la naturaleza de la sátira, sino que avala la idea que hay que poner límites a la comunicación de ideas y pensamientos) o el ejercicio de opciones sexuales “diferentes”.
Y podríamos seguir.
Como izquierdista, defensor de principios laicos como base también de una convivencia entre religiones distintas en nuestra sociedad, reivindico el derecho a defender mis ideas y las libertades contra quienquiera pretenda atacarlas, reducirla, reprimirlas: sean paletos blancos y cristianos racistas, policías defensores de estados cada vez más autoritarios, homófobos con sotana o corbata. Y también contra cualquiera que ataque a personas por su simple pertinencia religiosa, sea la que sea, a sus lugares de culto o cementerios. Contra cualquiera que bajo el pretexto de la ocupación israelí viene a nuestras manifestaciones gritando “muerte a los judíos y a los infieles”. Contra el control ejercido por clérigos y dogmáticos sobre personas y comunidades. Contra los que pretenden que las escuelas no lleguen nunca a ser espacios donde no haya niños musulmanes, cristianos, judíos o ateos, sino simplemente niños. Contra los que quieren que los animales en el matadero padezcan todavía más sufrimiento del que ya se les impone (la matanza halal, como la kosher exige que el animal sea consciente mientras se le degüella).
Y como persona educada en valores de humanidad, respeto y solidaridad no entiendo a mis compañeros de ideales que sistemáticamente ignoran, cuando no critican o directamente difaman, hombres y mujeres de cultura musulmana que se rebelan, como tantos otros judíos y cristianos han hecho a lo largo de la historia, contra la moral dominante, contra los preceptos de jerarquías religiosas corruptas y corruptoras, contra el patriarcado que impregna leyes y costumbres: que silencian las víctimas, mujeres y hombres reprimidos, torturados, asesinados por delitos como fornicación, apostasía, blasfemia… o por rebelión. Es una triste paradoja comprobar como sistemáticamente desde la izquierda se siguen desoyendo, o incluso traicionando, las voces más valientes del mundo musulmán que advierten contra la avanzada de estas corrientes extremas.


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